Por qué la pandemia de covid-19 podría fortalecer los autoritarismos y debilitar las democracias.

Actualizado: may 27


Fuerzas militares patrullan las ciudades en varios países del mundo, desde España hasta India.


En unos se declaran diferentes niveles de estado de excepción que limitan las libertades de movimiento y reunión. Mientras, en otros, el Estado rastrea los movimientos de los ciudadanos infectados a través de sus teléfonos móviles.


En pocas semanas se ha pasado de manifestaciones masivas en diversas partes del mundo (Hong-Kong, Iraq, Chile, Ecuador, Colombia y Líbano, entre otras) a calles vacías vigiladas por policías, guardias nacionales y ejércitos.


La presencia militar resulta lógica si, como afirman casi todos los gobernantes, esta crisis es "una guerra", como si se tratase de enfrentar a un Estado o un grupo insurgente.


El coronavirus parece hecho a medida para los gobiernos y políticos autoritarios que han proliferado en los últimos años. Mientras varios de ellos no creyeron inicialmente en su gravedad, ahora les podría servir para recortar libertades democráticas, dar renovados papeles a los militares, cerrar las fronteras a la migración y exaltar el nacionalismo frente a la cooperación entre países.


Militares en las calles


Mientras los científicos corren contra el tiempo y el creciente número de infectados, expertos en leyes y politólogos se preguntan si las medidas que están tomando muchos gobiernos limitando nuestras libertades son legales, dónde están sus límites y si serán derogadas en el futuro.


El covid-19 coincide con la tendencia global a contar con menos democracias. Desde 2006, según el instituto Freedom House, 64 países son menos democráticos mientras que sólo 37 gozan de más libertades.


La presencia de efectivos militares haciendo tareas civiles genera inquietudes, especialmente en países donde han tenido o tienen control e influencia sobre el poder político.


"Una vez que las fuerzas armadas salen de sus marcos institucionales es muy difícil que retornen a los mismos, ya que su desprofesionalización las ha convertido en otra cosa", me explica Augusto Varas, presidente de la Fundación Equitas (Chile) y experto en cuestiones militares.


En Estados con fuerte debilidad institucional, poner a las fuerzas armadas a controlar los ministerios de sanidad, la producción de medicinas y la seguridad ciudadana, puede conducir a que situaciones circunstanciales se vuelvan permanentes. Mucho más cuando no se sabe cuándo se podrá volver a la normalidad.


Human Rights Watch y la ONU advierten del peligro que el autoritarismo en diversos países pueda restringir los derechos humanos de las poblaciones.


En Filipinas, Sudáfrica, Kenia ya reportan abusos de las fuerzas militares y policiales durante operaciones de control ciudadano cuando se estableció que la gente no saliese de sus casas.

"La mayoría de las constituciones democráticas contemplan estados de excepción cuando sus países enfrentan catástrofes como las del covid-19 y las fuerzas armadas son llamadas a colaborar", dice Varas.


Su papel dependerá del orden constitucional y "del control parlamentario y de la sociedad civil sobre sus gobiernos y las fuerzas armadas para impedir que estas se extralimiten en sus papeles".


Tentación autoritaria


La deriva autoritaria proviene de gobernantes que alegan que se deben limitar las libertades para centralizar las decisiones en el poder ejecutivo.


El Parlamento húngaro acaba de aprobar una ley que permite al primer ministro húngaro Viktor Orban gobernar mediante decretos, sin supervisión parlamentaria y por tiempo indefinido.



Después de no prestar atención a la pandemia, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, comenzó a tomar medidas, algunas preocupantes.


El Departamento de Justicia ha enviado al Congreso un proyecto de ley que incluye limitar el derecho de asilo y permitir que se detenga a personas sin juicio por tiempo ilimitado. Su antecedente es la controvertida legislación que se aprobó después del 11 de septiembre de 2001 que todavía mantiene a 40 detenidos en la base estadounidense de Guantánamo.


Gobiernos europeos, de Estados Unidos y otros países democráticos han impuesto en las últimas semanas limitaciones a una serie de libertades -movimiento, reunión, menos atribuciones a gobiernos locales frente al Estado central o retrasar procesos electorales- sin encontrar oposición de sus ciudadanos.


En general las medidas son escalonadas, bajo control parlamentario y por tiempos determinados. Las situaciones varían de país a país, pero la aceptación de la ciudadanía parece depender del miedo y del grado de confianza que se tenga en el gobierno.


Ante el miedo y la incertidumbre, una gran parte de los ciudadanos quiere que se tomen medidas ejecutivas, rápidas y sencillas de entender. Esto contrasta con la complejidad de una enfermedad producida por un virus que no se conoce bien y que actúa de forma impredecible.


Las explicaciones sobre diferentes formas de enfrentarlo, y los cambios de estrategia, como ha ocurrido con los gobiernos del Reino Unido y Estados Unidos, pueden profundizar la necesidad de contar con soluciones concretas y sencillas de entender, aunque sean duras.

La profesora Arlene B. Tickner, de la Universidad del Rosario, en Bogotá, me escribe lo siguiente: "En cualquier tipo de cultura política (democrática o no) cuando existe alguna combinación de incertidumbre, inseguridad y miedo, los ciudadanos por lo general están más dispuestos a sacrificar ciertas libertades y hasta pueden llegar a pedir (sin necesariamente tener conciencia de ello) que el Estado se las quite".


En Estados Unidos, por ejemplo, los ciudadanos empezaron a exigir a los gobernadores republicanos que ordenaran no salir de los hogares.


Sin embargo, Tickner matiza que, generalmente, "son los mismos Estados (junto con gobiernos, legisladores y partidos políticos) los que instrumentalizan el miedo (y la percepción de inseguridad) con fines políticos para justificar la necesidad de medidas que constriñen algunas libertades con el fin de combatir una "amenaza" existencial".


Las resistencias


En estos días asistimos, además, a la dificultad para coordinar las respuestas, por ejemplo, entre los Estados miembro de la Unión Europea (UE), el gobierno de España y las comunidades autónomas, y entre gobernadores de diversos estados y la Casa Blanca.


Fuente de Información: https://www.bbc.com/

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