• EDGAR HIGUERA

Las ruinas del Primer Templo dieron pistas a científicos sobre el campo magnético de la Tierra.

Investigadores israelíes lograron medir el campo magnético de la Tierra el día en que Jerusalén fue destruida por los babilonios en el 586 a. C.; según un estudio pionero publicado el viernes (7) en la revista científica PLOS ONE.


El estudio, realizado por investigadores de la Universidad de Tel Aviv, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Autoridad de Antigüedades de Israel; amplía la comprensión de la devastación de Jerusalén y la disciplina científica.


En agosto de 586 a. C., después de meses de asedio, las tropas babilónicas atravesaron los muros de Jerusalén y destruyeron la ciudad, incluido el Templo Sagrado. La destrucción del Primer Templo fue un hito en la historia judía y todavía se recuerda hoy con el ayuno del 9 de Av; celebrado este año el 30 de julio de 2020. Fue el mismo día en que los romanos destruyeron el Segundo Templo en el 70 d.C.


A pocos pasos del Monte del Templo, un edificio prominente de dos pisos, probablemente utilizado con fines administrativos, también se incendió y se derrumbó. Más de 2.600 años después, sus vigas y piedras carbonizadas son un testimonio de esos días dolorosos, que se describen en la Biblia.


Entre los vestigios más notables del edificio se encuentran fragmentos de un sofisticado piso de yeso. Estas piezas, dejadas en la misma posición durante milenios, demostraron ser esenciales para medir la intensidad y la dirección del campo magnético de la Tierra en este momento.


«Aunque mi doctorado es en arqueología, esta es una investigación interdisciplinaria entre la arqueología y las ciencias vivas», dijo Yoav Vaknin, autor principal del estudio, al sitio web Jerusalem Post.


El estudio contó con el director del Laboratorio Paleomagnético de la Universidad Hebrea, Dr. Ron Shaar, para «comprender cómo se comportaba el campo magnético en el pasado», dijo Vaknin.


Los estudiosos israelíes se han centrado en la cuestión del campo magnético de la Tierra en las capas arqueológicas resultantes de la destrucción masiva, como en el caso de Jerusalén.

Cuando los objetos formados por minerales magnéticos se queman a muy alta temperatura, estos minerales se remagnetizan y, por tanto, registran la dirección y magnitud del campo en ese preciso momento.


Los artefactos como cerámica, ladrillos y tejas, que se queman a alta temperatura, pueden proporcionar estos registros. Sin embargo, por muy preciso que sea la datación, suele durar algunas décadas. Pero si se documentan mediante registros históricos, las capas de destrucción se pueden arreglar en un momento muy específico, en el caso de Jerusalén, en 586, lo que brinda una oportunidad única.


“Fechamos la destrucción de la estructura en 586 a. C., basada en vasijas de cerámica rotas, típicas del final del período del Primer Templo, encontradas en el piso. Además de los utensilios rotos, encontramos señales de fuego y grandes cantidades de ceniza”, explicaron los directores de la excavación, Dr. Yiftah Shalev y Gadot.


Vaknin se concentró en medir el campo magnético de los numerosos fragmentos de suelo dispersos y descubrió que, independientemente de su posición, registraban la misma dirección magnética.


«Medir datos magnéticos de un piso quemado hace miles de años no es un asunto trivial», comentó Shaar. “Afortunadamente, en este estudio específico, Yoav pudo descifrar el código magnético de la naturaleza y brindar información importante desde varios ángulos: histórico, arqueológico y geomagnético”.


Vaknin señaló que para realizar un proceso similar, es esencial tomar medidas en objetos que todavía están en su posición original en el campo después de la destrucción. Los artefactos del mismo período que se movieron pueden proporcionar información sobre la magnitud del campo magnético, pero no su dirección.


El objetivo final es crear un nuevo sistema de datación preciso, basado en el campo magnético de la Tierra y sus cambios, proyectando así una curva. «Estamos construyendo la curva a partir de una gran cantidad de datos y la idea es que las capas de destrucción sean los anclajes cronológicos de esta información», concluyó Vaknin.


Fuente de Información: https://www.bibliatodo.com


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